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jueves, 13 de agosto de 2015

LOS NÚMEROS SOSTENIBLES

¿Es la sostenibilidad una cuestión matemática?

Esta pregunta parece formulada por uno de los teóricos del positivismo determinista que persiguen la reducción de todo acontecimiento físico a una cadena de causas y consecuencias deducibles racionalmente unas de otras siendo, por tanto, inevitables y predecibles en mayor o menor grado, dependiendo de la cantidad de información disponible para su análisis. Pero no es este el sentido de nuestro enfoque, muy al contrario, ya que los números constituyen la danza de la creación y ésta, por propia definición, se aleja mucho de la tesis determinista. Toda la diferencia entre uno y otro radica en la idea que sustenta el origen de los números y su significado.

Normalmente entendemos los números como un instrumento para evaluar cantidades. Son útiles pues nos permiten comparar magnitudes, hacer cálculos y asignar valores cuantificables a las cosas. En este sentido, los números son (ó parecen) bastante deterministas. Nuestra mente está habituada a manejar estos procedimientos, a hacer cuentas y, para nosotros los números no son otra cosa que cantidades.


Sin embargo ¿alguien se ha planteado cómo y porqué apareció el concepto de lo numérico?

Cuando el hombre comenzó a caminar sobre la tierra no existía la idea de cantidad, si acaso, únicamente conceptos como: mucho, poco, más, menos, lleno, vacío ó cosas similares y, sin embargo, los números estaban presentes en la vida diaria de una forma implícita, condicionada por las necesidades de supervivencia, es decir, por la SUSTENTABILIDAD, que es la misma cosa. Por tanto, por raro que parezca, el número nació como una idea mucho más vinculado a la proporción, a la medida de los ciclos naturales terrestres y cósmicos, que a la cantidad y el valor de las cosas en sí mismo. Parece lógico pensar que el sistema decimal obedece a la necesidad inicial de los humanos de contar con los dedos de las manos pero ¿porqué los humanos tenemos cinco dedos en cada mano, no seis, ni tres, ni ocho?

Pues resulta que el sistema decimal tiene muchos misterios que desvelar y que nos resultarán de gran interés a los arquitectos, al menos, a los que se interesen más por la SOSTENIBILIDAD real y menos por las etiquetas asociadas a conceptos predigeridos que patrocina la industria dominante.

(*) Los huesos de la mano se encuentran en proporción áurea, donde el número cinco es su fundamento.

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Por ejemplo, el sistema decimal permitió a los egipcios, hace más de 5.000 años, relacionar con total exactitud la medida métrica estándar con la proporción aúrea y el codo real egipcio (que es una medida armónica del pié llamado inglés, otro de nuestros estándares globales) unos cincuenta siglos antes de que decidiéramos definir la principal unidad de longitud del Sistema Internacional de Unidades (el metro) como la distancia que recorre la luz en el vacío en una pequeña fracción de tiempo (para ser un concepto tan racional y preciso, nadie puede hacerse una idea mental de lo que esto significa). La realidad es que el metro es una medida terrestre y, por tanto, armónica con el planeta y saber esto es más importante que asociarla con la velocidad de la luz. En general, hay que decir que la mayoría de los estándares, como piés, codos, brazas, yardas, millas y metros, que heredamos de la antigüedad están relacionados con las medidas terrestres (radio polar y ecuatorial) y resultan armónicos entre sí y/o relacionados a través de la proporción áurea, si atendemos a las leyes de la armonía musical. Lo cual, no solo es sorprendente, sino que nos da una idea de la naturaleza original y procedencia de los números y las unidades de medida. ¿Cómo fueron capaces de determinar con tal precisión, no ya los egipcios sino todas las culturas megalíticas, el radio polar terrestre? ¿No era la Tierra plana hace "dos días"?


A nivel consciente, existe todo un desarrollo conceptual de los números por su significado como tales, por un lado, y por su relación con los fenómenos terrestres y astrológicos, por otro. De este modo si, por ejemplo, el cinco tiene unas propiedades "x" instaladas en el inconsciente colectivo y (aún no entiendo cómo), nuestros ancestros descubrieron que el ciclo sinódico de venus en el cielo establecía un trazado pentagonal cada ocho años, es lógico que dicho planeta estuviera vinculado con ciertas cualidades asociadas al número y su presencia en los cielos, en alineación, cuadratura u oposición con otros astros tuviera un significado predecible y determinado, tal como ocurre con los ciclos lunares.


Dentro de la cultura prehistórica, donde la referencia más inmediata a los números era su relación con los fenómenos y ciclos terrestres, solares, lunares y astrológicos en general, es lógico que se desarrollase una cosmología en la cual el mundo era una manifestación de poderes numéricos, tal como expone Richard Heart. Más allá de esto, aquellos hombres reconocían una inteligencia de orden superior que regía los destinos del universo en un concierto armónico de relaciones numéricas cuya expresión o manifestación podía ser contrastada empíricametne en su experiencia vital. La ciencia oficial, tal vez por la perniciosa herencia del positivismo materialista, tiende a sesgar aquella información que aventura la posibilidad de existencia de otras inteligencias superiores no humanas (o suprahumanas) y los efectos de su intervención en la realidad, lo cual produce la reducción a forzadas, torpes y absurdas explicaciones basadas en carambolas probabilísticas... que son infinitamente más increibles.

Sin embargo, no hace falta ser científico, como no lo era el hombre prehistórico para reconocer en el orden natural con que trataban a diario ciertas causas inteligentes e inferir que sobre todo ello gobernaba una inteligencia primordial, una fuente que abarcaba la totalidad de la existencia, un Todo. Esta totalidad y su poder unificador, junto con todas sus connotaciones, fueron integrados en el concepto original del Uno.

En el proceso de la creación, el Uno surge del vacío como una potencia absoluta de todo lo que es, se expande y se contrae en un pulso eterno atemporal, sin conciencia inicial de sí mismo. Desde su centro, la conciencia primigenia se proyecta en infinitas direcciones. Como nuestra mente es incapaz de abarcar el concepto de lo infinito, vamos a reducir el esquema anterior a una de sus infinitas posibilidades o realidades, que representamos como un círculo entorno al centro. La conciencia se refleja en la superficie y, al expandirse, alcanza el centro original tomando conciencia de sí misma. Nace el Dos y, con el, el concepto de dualidad que permite a la mente transitar entre dos polos. A nivel geométrico, esta acción implica, antes de la aparición en nuestro esquema del propio número, las raices de 2, 3 y 5, razones geométricas clave en geometría sagrada.

Acto seguido, para equilibrar el esquema de acción-reacción representado por la vésica piscis que hemos generado, surge la necesidad de equilibrio ya que la dinámica que se ha producido resulta inestable. Se requiere un nuevo punto de vista que estabilice el contínuo movimiento tesis-antítesis. Necesitamos realizar un proceso de síntesis coherente con los aspectos anteriores, por lo que la conciencia se desplaza de nuevo a un punto común e imparcial y nace el Tres. El Tres representa la creatividad, por una parte y la estabilidad, por otra. El triángulo es el símbolo del fuego. El 3 crea una estructura indeformable, el triángulo, y expande la conciencia original en dos dimensiones.


Pero para alcanzar la materialidad tridimensional, este esquema resulta insuficiente. Debemos expandir otra esfera desde cada uno los vértices del triángulo anterior y así adquirir una nueva perspectiva del conjunto. Esta estructura, para ser estable, deberá ser asimismo indeformable. De esta forma generamos el tetraedro, la primera estructura tridimensional y primer sólido platónico, el Cuatro y, en la representación sobre el plano, aparecen los cuatro vértices del cuadrado como reflejo del círculo que generó el triangulo. 

El Cuatro, por tanto, representa la materia y el cuadrado es el simbolo del elemento tierra. Estos cuatro primeros números generan los demás del sistema decimal mediante el procedimeinto gráfico de la Tetraktys pitagórica. Asimismo, replicando la expansión de esferas a partir de los puntos anteriores se genera el diagrama de la Flor de la Vida, la forma esencial de todo lo creado.


No realizaremos aquí un análisis pormenorizado del significado de los números y la geometría, simplemente valga esta breve exposición para entender que existe realmente un significado profundo sobre el concepto de los números instalado en nuestra mente colectiva. Por tanto, si es cierto que este campo mental tiene un notorio efecto sobre la realidad material que creamos, como nos indica la física cuántica, parece interesante alcanzar un mayor nivel de entendimiento acerca de su significado y la forma en que puede ser aplicado a efectos prácticos para nuestro bienestar individual y colectivo. La forma en que el hombre prehistórico alcanzó maestría en esta materia nos es desconocida y, sin embargo, podemos afirmar que existió sin lugar a dudas y que fué extensamente utilizado por todas las culturas.


La geometría sagrada constituye una de las manifestaciones materiales sustentables de estas relaciones numéricas en el mundo de la forma, al igual que ocurre con el sonido y la armonía musical, que responde a las mismas leyes en todo el espectro electromagnético. Sabemos que el universo es vibración, energía en múltiples formas de expresión y toda vibración puede ser reducida a una función numérica. También sabemos que hay vibraciones armónicas y vibraciones resonantes, así como disarmónicas y distorsionantes. Existen ondas constructivas y ondas destructivas y, en última instancia ¡estamos formados por ondas!  ¿cuales elegiríamos, si pudiéramos y conociéramos sus efectos y funcionamiento?

Diagrama de la Flor de la Vida, grabado con tecnología desconocida (similar al lasser) en la piedra granítica del Templo de Osirión en Abydos, Egipto. Según estudios recientes, data de la era megalítica...

El conocimiento numérico es independiente de los ruidosos canales de la historia, la arqueología, las lenguas antiguas, los artefactos, los mitos, la escultura, etc. Como el ave Fenix, es perfectamente reconstruible porque los números mismos son un conjunto de arqutipos eternos.
Richard Heath, en Los números Sagrados.

Personalmente, creo que debería llegar el día en que sea reconocido ampliamente el hecho de que las explicaciones que brindan la ortodoxia científica sobre el origen de nuestra raza son absurcedes consolidadas a base de repetirlas. Pero, no por más repetirlas llegarán jamas a ser ciertas y su descrédito se incrementa exponencialmente en todos los ámbitos. El porqué de tan necia perseverancia no debería preocuparnos; mejor ocupar energía y tiempo en investigar y barajar otras posibilidades. Entre la restringida (oportunamente) visión ortodoxa, el mito y la creencia hay un campo muy amplio plagado de evidencias materiales que, cada vez más, permiten inferir la existencia de un denso núcleo de conocimientos que no pueden haber surgido de manera casual o espontánea como resultado de la evolución de la especie. Negarlo es cerrar el paso a la verdad acerca de nuestra naturaleza y nuestro origen. De estos hechos puede deducirse los siguiente, al menos que exista una mejor explicación, que no conozco.


  • No somos la primera civilización humana que habita la Tierra.
  • Nuestro ADN no es, al menos totalmente, de origen terrestre.
  • El conocimiento numérico (y muchos otros) de nuestros ancestros ha sido heredado de otras civilizaciones anteriores y no desarrollado ad hoc por el hombre primitivo.
  • El sistema solar atraviesa ciclos de energía progresiva y regresiva, relacionados con la precesión de los equinoccios, y los procesos de evolución de cada civilización están sujetos a su influencia. Actualmente se inicia un periodo progresivo.
  • Siempre ha existido una casta encargada de cultivar, custodiar y administrar el conocimiento y este último no siempre está en las mejores manos.
  • El conocimiento ha sido codificado en infinidad de manifestaciones materiales por todo el planeta de forma que pueda ser decodificado y recuperado en algún momento. Podemos y debemos hacerlo.
  • Es imprescindible recuperar e integrar el conocimiento ancestral con la tecnología científica.
  • Nunca hemos estado solos en el proceso de evolución.
Se ha comentado en anteriores ocasiones que, dentro de este conocimiento ancestral existen tres premisas fundamentales en el universo. Estas premisas son compartidas por la ciencia moderna.


  1. Todo es energía, todo es vibración, todo es consciente y todo lo anterior es la misma cosa.
  2. Todo está en cambio y movimiento permanente.
  3. Todo está conectado y todo se comunica entre sí, intercambiando información.
Dentro de estos postulados, si todo está en movimiento y existen ciclos reconocibles por doquier, parece razonable que el origen de los números esté vinculado necesariamente a estos procesos cíclicos. Dentro de ellos, la observación de los ciclos de la naturaleza y el movimiento de los astros, así como el establecimiento de un método para registrar fenómenos cuantificables, mediante símbolos, parece ser la explicación natural de la aparición de los números, así como lo son la aparición de hitos, naturales o artificiales, en el terreno que permitieran reconocer en que punto del proceso nos hallábamos. Los planetas del sistema solar en su trayectoria celeste observada desde la Tierra dibujan un gráfico con zonas de avance y retrogradación que constituyen nodos o singularidades medibles y que reciben el nombre de sínodo planetario. Asímismo, la división del tapiz celeste es posible por la presencia de configuraciones fijas de estrellas o constelaciones conformando un mapa topográfico en movimiento.


"Casualmente" (sin causa), tal vez "causalmente" (a causa de), estos sínodos planetarios como, por ejemplo el sínodo de Venus que genera un esquema pentagonal en un periodo de 8 años (5/8) o el de Mercurio que forma una estrella de David, nos dan las claves de la armonía musical al igual que la naturaleza de los números y la división de la semana de 7 días.

Se dá la circunstancia también, coincidencia tal vez, de que los dos planetas que acompañan a la Tierra al interior del sistema solar, Mercurio y Venus, exágono y pentágono, expresan la misma geometría que los codones de ADN cuya estructura molecular es una combinación de un exágono y un pentágono que comparten uno de sus lados. Por este procedimiento los números 3, 4, 5 y 6 está asociados respectivamente a la Luna, el Sol, Venus y Marte así como sus propiedades generativas y el 7 al conjunto de la semana, constituida por el Sol (sunday), Marte (martes), Mercurio (miércoles), Júpiter (jueves) y Saturno (sábado) que conforman una estructura heptagonal en esta misma sucesión. La cantidad de relaciones y armonías entre planetas y constelaciones requeriría un gran volumen, así que baste con estos ejemplos sencillos para ilustrar que los número atesoran un contenido mucho más "jugoso" del que estamos acostumbrados a emplear, que todo ello está relacionado con los ciclos vitales terrestres y que, por tanto, el conocimiento y empleo de esta tecnología de la naturaleza fué y es importante para el desarrollo de nuestra civilización.


Todas estas relaciones simbólicas fueron asimiladas en la cultura a través de los mitos, en forma de dioses y leyendas que siempre tuvieron un transfondo importante de conocimiento encriptado en su simbología. Así, la astrología y la mitología están vinculadas positivamente por el conocimiento ancestral de los números y su significado, el significado responde a comprobaciones empíricas y, como consecuencia, resultados medibles y comprobables en cuanto a sus efectos. Por tanto, no resulta desdeñable el hecho de que determinadas proporciones o medidas empleadas por antiguas civilizaciones (y no tan antiguas) con el fin de producir un efecto concreto en determinados edificios de carácter emblemático, pueda ser deducido y replicado en una especie de ingeniería inversa para nuestros propósitos arquitectónicos.


El hecho es que, de forma poco expresa pero perfectamente deducible y comprobable, esta práctica ha continuado realizándose para diversos fines por las sociedades masónicas al amparo de la iglesia y las élites en el poder, como no dejan lugar a dudas sus monumentales actuaciones, con ejemplos como la catedral de Chartres, El Vaticano o la ciudad de Washington. Lo cierto es que los poderes que rigen (o lo intentan) nuestros destinos emplean los números y la geometría con ciertos fines (que no es el caso analizar) por una razón y es porque que son profundamente eficaces para ellos. La cuestión es que también son eficaces para generar bienestar, armonía, salud y para potenciar la creatividad, autonomía y evolución del ser humano en consonancia con la Tierra y el Cosmos, en lugar de emplearse para el control y la sumisión.

Las opciones son claras. O entregamos nuestro poder a los "padres de la Patria" para que decidan por nosotros o nos empleamos en decidir nosotros lo que más nos conviene. Es tiempo, hermanos.

Los números sostenibles, al contener conceptos y cualidades no tienen sentido alguno como meras cantidades sino que deben ser trenzados en armonía y constituirse en un todo interactivo entre sí y con el lugar geográfico, si hablamos de arquitectura. Los números se transforman a través de estas relaciones "mágicas" en geometría y cada geometría, como ya hemos citado en anteriores ocasiones, produce su propia música como emisores de ondas de forma. Las ciencias relacionadas con esta materia y donde procede encontrar estos fundamentos son la física (teoría ondulatoria), la radiónica, la gematría, la numerología, la astrología, la geometría sagrada y la metrología, así como la investigación historica de los procesos constructivos y sus rituales de activación energética. Hay que tener en consideración que junto con la parte material o física, coexisten otros niveles de densidad de forma simultánea, en forma etérica e interactiva. Todas las disciplinas anteriores aportan claves aisladas pero complementarias para el desarrollo de una gran teoría conjunta que corresponde desarrollar entre todos.



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